jueves, 15 de mayo de 2014

Segunda historia

2.

Mariana lo llamó por su nombre tres veces. Y tres veces el silencio respondió. Recorrió sin prisa la casa, revisó sus rincones y contempló el mar al llegar al comedor. Se extrañó de esta ausencia no habitual, abrió la puerta de la cocina y vió los restos de arroz con coco y filete de bonito aún en el plato. De pronto, y por primera vez en estos meses, no tendrían la cotidiana y vespertina tertulia de amores contados y soñados. Salió de la casa, recorrió el camino del acantilado y ahí, al final del sendero descubrió en el piso la botella de ron, medio vacía y sin tapar. La luna se empezaba a reflejar en la redondez del vidrio amarillento.  Su corazón se movió con fuerza. 
Se asomó.
 Y ahí estaba él.
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